En unos meses se cumplirán tres años de la fecha de aplicación obligatoria del Reglamento General de Protección de Datos, y cinco de su aprobación como reglamento europeo. Si echamos la vista atrás, hasta algunos meses antes de ese 25 de mayo de 2018, es fácil recordar la actividad frenética de todas las compañías por adecuarse a la nueva normativa, mucho más garantista y protectora con el usuario que la anterior.