Nos hemos acostumbrado a pensar en la firma electrónica como facilitadora en la transformación digital de las compañías, con aplicación sobre todo en el cierre de contratos con sus clientes, ya sean personas (B2C) o empresas (B2B). Pero se trata, sin duda, de una solución transversal que va mucho más allá de la pura contratación y que se puede aplicar en un gran número de áreas y procesos de cada compañía.